La costa central de Venezuela volvió a temblar la mañana de este lunes 29 de junio de 2026. La Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) reportó un sismo de magnitud 4,2 con epicentro en el mar, a 10 kilómetros al este de La Guaira y 11 kilómetros al oeste de Naiguatá.
De acuerdo con el reporte sísmico oficial, el movimiento telúrico ocurrió a las 07:01 am (hora local) con una profundidad muy superficial de 2.9 kilómetros.
Pocos minutos después, la actividad sísmica continuó en la misma zona costera. Según el reporte preliminar, a las 07:19 am se registró un nuevo sismo en la región, esta vez de magnitud 2,7. Este último evento se localizó a 10 kilómetros al sureste de La Guaira y a 12 kilómetros al suroeste de Naiguatá, con una profundidad de 5.0 kilómetros.
Previamente, a las 06:14 am, Funvisis ya había detectado un temblor de magnitud 2,7 a 28 kilómetros al noreste de San Felipe, estado Yaracuy, a una profundidad de 5.0 kilómetros.
Discrepancias con agencias internacionales y reportes independientes
El evento principal de las 07:01 am ha evidenciado marcadas discrepancias entre el balance oficial del Estado y los registros de agencias internacionales y aplicaciones de monitoreo global, los cuales sugieren que el impacto pudo haber sido mayor.
Por un lado, el Centro Sismológico de monitoreo internacional elevó la magnitud de este sismo a 4,6 (frente al 4,2 oficial), localizando su epicentro en una zona marítima más profunda conocida como «Offshore Vargas», a 42 kilómetros al norte de Caracas y 35 kilómetros al norte-noreste de Catia La Mar, calculando una profundidad de 10 kilómetros.
Este reporte coincide cronológicamente con reportes de usuarios de la plataforma que manifestaron haber sentido el movimiento en localidades como La Dolorita y Maiquetía.
Por otra parte, los registros independientes de geolocalización global expuestos añaden aún más complejidad al panorama de la mañana. Estos sistemas captaron un fuerte e inusual movimiento de magnitud 5.1 catalogado en la «Near Coast of Venezuela» (frente a las costas de Aragua) casi en simultáneo, a las 07:00 am, además de registrar una secuencia de réplicas más densa durante la madrugada que incluye eventos no reportados detalladamente por los boletines principales del organismo estatal, tales como un sismo de 3,5 al noroeste de San Felipe a las 04:22 am y múltiples movimientos de menor intensidad (entre 2,1 y 2,5) en el eje Naiguatá – Los Caracas – Cúa – La Victoria.
Carrera contra el tiempo y desesperación en los escombros
Estos nuevos movimientos se producen en el peor escenario posible. La ventana crítica de 72 horas para encontrar sobrevivientes tras el doble terremoto —de magnitudes 7,2 y 7,5 que azotaron el país el pasado miércoles— se ha cerrado formalmente. A partir de este momento, los equipos de rescate admiten que las labores entran en una fase dolorosa, orientada principalmente a la recuperación de cuerpos.
El panorama en La Guaira, el epicentro de la tragedia y zona afectada nuevamente por la réplica de esta mañana, es desolador. Testigos y agencias internacionales describen la región como una «zona de guerra», con hileras de edificios colapsados reducidos a montañas de polvo y escombros. De los 774 inmuebles afectados reportados por las autoridades, al menos 189 sufrieron un colapso total.
Hasta la fecha, el balance oficial asciende a 1.450 muertos y 3.150 heridos. No obstante, la cifra real podría ser catastrófica: mientras el gobierno evita ofrecer datos oficiales sobre las personas desaparecidas, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que hay más de 50.000 ciudadanos con paradero desconocido y calcula que la cifra total de damnificados podría rozar los siete millones de personas.
Milagros entre la tragedia e indignación en la población
Pese a la adversidad, pequeños milagros mantienen viva la fe de los familiares. El domingo, periodistas en el lugar constataron el rescate con vida de un hombre y su hijo adolescente bajo las estructuras colapsadas en La Guaira.
En el terreno se encuentran desplegados rescatistas de 24 países, con el apoyo logístico del ejército de los Estados Unidos, que opera helicópteros y aeronaves Osprey V-22 para trasladar suministros médicos y alimentos al puerto de La Guaira y al aeropuerto internacional de Maiquetía, el cual opera de manera parcial.
Sin embargo, la indignación de la población civil va en aumento debido a lo que consideran una respuesta gubernamental lenta y burocrática. El descontento se ha exacerbado luego de que el gobierno militarizara La Guaira e impusiera la obligatoriedad de un «salvoconducto» para permitir el acceso a médicos, voluntarios y periodistas independientes. «Un permiso para salvar vidas, imagínate», denunció con frustración Carlos Itriago, un rescatista de 27 años.
Mientras el país enfrenta pérdidas materiales que la ONU ya proyecta en 6.700 millones de dólares (6% del PIB nacional), los venezolanos continúan organizándose de forma comunitaria para remover escombros con sus propias manos, con el temor constante de que réplicas como la de esta mañana terminen por derrumbar las frágiles estructuras que aún quedan en pie.
El Nacional


