En un contexto de creciente inestabilidad regional, el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, dejó claro su rechazo a la injerencia externa en Oriente Medio durante una reunión bilateral este lunes con el sultán de Omán, Haitham bin Tariq. «La región del golfo Pérsico no debe convertirse en un campo de batalla para la rivalidad geopolítica», aseguró Xi, enfatizando la necesidad de un entorno pacífico.
Estas declaraciones surgen en medio de una crisis marcada por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, que ha llevado al bloqueo del estrecho de Ormuz y ha impactado los costos globales de energía y transporte marítimo. La atmósfera tensa exige una respuesta coordinada y firme por parte de las naciones involucradas.
Durante la reunión, Xi manifestó la intención de su país de colaborar con los estados árabes para restaurar la estabilidad y alcanzar una paz duradera. «El mundo está atravesando transformaciones profundas sin precedentes en el último siglo», recordó, subrayando la importancia de un compromiso colectivo para preservar la seguridad regional.
China, que ha mantenido un perfil discreto en la diplomacia de Oriente Medio, está comenzando a asumir un papel más activo como mediador. El gobierno chino reiteró su compromiso con el cese del fuego y su disposición para ofrecer soluciones estratégicas que ayuden a resolver los problemas de seguridad que afectan a la región.
Para avanzar en estas iniciativas, la Cancillería china anunció el envío inminente de delegados especiales a Oriente Medio. Esta misión buscará acelerar el diálogo, promover la desescalada del conflicto y coordinar esfuerzos con los países del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico.
En el ámbito bilateral, la reunión entre Xi y Haitham bin Tariq también se centró en el desarrollo mutuo, destacando la importancia de fortalecer la cooperación energética y el comercio entre ambos países, especialmente en un momento en que las tensiones amenazan el suministro global de hidrocarburos.


