El municipio colombiano de Necoclí, ubicado en el golfo de Urabá, enfrenta una nueva emergencia social marcada no por la salida de migrantes rumbo al norte, sino por su retorno. Las restricciones impuestas recientemente por el Gobierno de Estados Unidos han cambiado por completo la dinámica migratoria en la región, donde ahora miles de personas llegan emocionalmente destruidas, sin recursos y con la incertidumbre de cómo regresar a sus países de origen.
Durante los últimos años, Necoclí fue reconocido como una de las principales puertas de acceso hacia el Tapón del Darién, ruta obligada para quienes aspiraban a llegar a territorio estadounidense. Las calles y playas se llenaban de carpas, comercio improvisado y familias enteras que veían el “sueño americano” como única salida a la pobreza, la violencia o la falta de oportunidades.
Sin embargo, el panorama dio un giro en 2025. Con el retorno de Donald Trump a la presidencia, Washington endureció nuevamente sus políticas de control migratorio: mayor seguridad en la frontera, eliminación de programas de protección y cierre de vías humanitarias. Estas acciones provocaron una caída drástica en el flujo hacia el norte y, al mismo tiempo, un fenómeno inesperado: miles de migrantes comenzaron a devolverse desde Estados Unidos.
Ahora, Necoclí recibe a hombres y mujeres que no logran cruzar la frontera y vuelven con la carga psicológica de haber perdido los ahorros de toda una vida. Algunos regresan con pequeños ingresos obtenidos tras meses en tránsito; otros llegan arruinados, sin documentos y endeudados con prestamistas o traficantes. Para muchos, la ruta de retorno es tan peligrosa como la de ida, pues implica nuevamente enfrentarse a redes criminales, extorsión y territorios dominados por grupos armados.
Fuente: Noticia al minuto


